miércoles, 22 de diciembre de 2010

Fan Fic de Vampire Academy, por Okimy Hathaway

Me eh encontrado con una incrible historia, y voy a ir subiendo los caps y todo lo referente a esta historia.
Nota: esta no es mi historia, solo la comparato porque me gusto, es de una chica del foro purple rose. 

Basado en los personajes de la saga.

Aclaración: Esta historia sigue teniendo a la controversial, rebelde e indisciplinada Rose Hathaway, sigue teniendo al ardiente y maduro Dimitri Belikov, a la sensible y dependiente Lissa, al pesado de Christian y al adicto a las drogas lícitas de Adrian, lo que cambié es el escenario geográfico, la cultura y el estilo de vida de Rose -y de la mayoría de los personajes-

Sinópsis.

Rose Marie Manssur es una Dhampir fuera de lugar. Todo lo que quería era ser feliz junto a su amiga Lissa en Portland, Oregon. Pero la muerte de su madre en una épica batalla contra los Strigoi fueron razón suficiente, para que su padre, Ibrahim Manssur la mandara a buscar y se hiciera cargo de ella de una vez por todas... aunque ella ni supiera de su existencia.
Ahora, Rose deberá luchar contra el enigmático Moroi que se la ha llevado al medio oriente contra su voluntad, o acostumbrarse definitivamente a la cultura musulmana, y a vivir como una moroi acaudalada, a la que le prohíben cualquier tipo de entrenamiento que pudiera capacitarla para hacer su deber de guardiana.
Pero éste, es al final el más mínimo de los inconvenientes de la nueva vida de Rose, ya que algo oscuro se está tejiendo en las arenas del desierto arábigo, mientras ella vive la vida de reina falsa que nunca soñó, todo esto, gracias al hombre que la capturó y es el más fiel guardián de su padre -por momentos, su mayor enemigo- y que será el único que le enseñará todo lo que necesita saber para el combate, y también el único hombre que la hará caer en los dulces brazos del amor...
Romances furtivos, peleas, celos, batallas, desapariciones sin respuestas, y desiciones que no tendrán vuelta atrás...¿Podrá Rose sobrevivir a todo esto?


Advertencia: Esta historia incluirá momentos Hot. La chica que quiere comerse al chico. El chico que intenta moderarse, pero también quiere comerse a la chica. El clásico triángulo amoroso, el amor prohibido, los villanos, acción paranormal con seres que no existen, y acción cotidiana que estará de lo más interesante también.

 Prólogo
- Sir Manssur, hemos localizado a su hija esta mañana, ¿Procedemos?

- La, Irina, la. Deja que el guardián Belikov encabece la operación, él ya está en EE.UU. Contáctalo a su teléfono.

- ¿Está seguro que quiere esperar? –dijo insegura la voz femenina al otro lado del teléfono-

- El guardián Belikov no fallará –dijo Manssur firmemente-

- Está bien, pero no creo que… -insistió la mujer-

- ¡Jalás, Irina, obedece! –dijo el hombre, duramente-

- Sí, señor.


El hombre colgó el teléfono y se quedó pensativo en su despacho, ¿Cómo era su hija? ¿Se resistiría a vivir con él? ¿Le gustaría su nueva vida? ¿Llegaría a quererlo alguna vez? Sabía que esta situación sería muy difícil para ella, considerando que ni siquiera sabía que tenía un padre… al menos que estuviera vivo, o que le interesara lo que pasaba con su vida, pero así era. Hace casi dieciocho años atrás había decidido separarse del amor de su vida, Janine Hathaway. Creyeron que lo mejor que podían hacer era separarse por el bien de su hija, para que ella tuviera una vida normal, pero las cosas ya no eran como antes: Ahora ella solamente lo tenía a él y a su mejor amiga.


- ¿Ibrahim?

- ¡Hasan, adelante! –dijo Abe, saliendo de sus pensamientos y poniéndose de pie-

- Salaam alaykum –dijo Hasan, acercándose para darle un beso en cada mejilla-

- Alaykum Salaam –dijo Abe, animado-

- Khaif halak? ¿Todo bien por aquí? –dijo Hasan, sonriendo-

- Safiya dafiya, Alá protege mi hogar, todo está bien. ¿Qué te trae por aquí?

- He venido a saber sobre el asunto de tu hija.

- ¡Ah! Eres muy considerado, Hasan, por favor, toma asiento. –le señaló con la mano una silla frente a él- Todo está funcionando. En unos dos días más la tendré aquí conmigo, Inshallah!

- Es una muy buena noticia, Abe, pero como tu mejor amigo… creo que debería decirte lo que opino al respecto. – dijo mientras se tomaba las manos y las ponía sobre el escritorio- Creo que ella traerá tormenta a tu hogar.

- Lain? Qué estás diciendo, Hasan? –preguntó Abe desconcertado-

- Ella no es una musulmana, ella es una occidental, como su madre. No comprenderá nuestra cultura, más aún si te han dicho que ella es terca e impulsiva.

- Ella es joven, Hasan, puede enderezarse, además… ¿Qué pretendes que haga? ¿Qué la abandone a su suerte? Inshallah! –dijo Abe, alzando los brazos-

- La, Ibrahim, la. No he dicho eso, pero considero que lo mejor para ella es que se quede en occidente, si de occidente es. Deberías darle sustento económico, ir a visitarla… -dijo rascándose la barba-

- Jalás, Hasan, Jalás. – le interrumpió Abe- No quiero oír más tus reproches, no puedo permitir tal cosa, la honra de mi familia está en juego, ya dejé ir a mi mujer, no quiero dejar ir a mi hija. –dijo reacomodándose otra vez de una manera más relajada, después de haberse exaltado hace un momento atrás-

- Mafi mushkila, Abe, yo te apoyaré en todo si así lo deseas, no temas. –dijo inclinando un poco la cabeza y tocándose el corazón con la mano izquierda por una fracción de segundo-

Y lo peor para Abe, fue darse cuenta que Hasan probablemente tenía razón, pero era terco… y por sobre todo: solitario.

Con la partida de Hasan, Abe se remontó a veinte años atrás, cuando conoció a Janine, la madre de su hija. Él se encontraba de visita en Edimburgo, Escocia, por un asunto de negocios… entonces, en uno de los tantos recorridos que hizo por el país, se fue a las afueras de cualquier gran ciudad, a un recinto privado para morois y dhampirs, un instituto para niños y adolescentes en formación. Él tenía unos veintidós años, y contra todo pronóstico… conoció a la chica más hermosa que jamás hubiera visto en su vida.


- Hola, ¿Cómo te llamas? –dijo Abe, mientras acorralaba a la chica en un pasillo-

- ¿Estás seguro que no estás haciendo nada que vaya contra las reglas? –respondió la chica un tanto preocupada, mientras miraba en todas direcciones-

- ¿Reglas? ¿Yo no sigo ningún tipo de reglas, vine por negocios, no de alumno –dijo acechándola con la mirada-

- Ah, así que eres bastante mayor que yo de seguro, y te atreves a molestarme, no creo que eso le agrade al rector. -dijo la muchacha con una sonrisa malévola en el rostro-

- ¿Sí, se lo dirías? –dijo él, acercándosele aún más-

- Tal vez… tal vez no. –dijo la chica rodando los ojos.

- ¡Vamos! Dime cuál es tu nombre –dijo tomándole una mano y apoyando su espalda en la pared-

- Janine… Janine Hathaway. –dijo la chica, soltándose fácilmente de su agarre y yéndose lejos-


Esto no está nada de bien, pensó Abe. Realmente le atraía la chica, pero además de que seguro fuera como cinco años menor que él, la chica tendría serios problemas con Tatiana, su eterna enamorada, la chica de la realeza –que incluso, tal vez algún día llegara a ser reina- que lo perseguía. Si bien, Abe le había aceptado el jueguito, ahora estaba cansado de ella… tendría que sacársela de alguna forma.

Y ahí estaba la chica, todos los días la veía pasar con un grupo de amigos… ¡era tan guapa! Yamila… como diría en su país. Su cabello pelirrojo, sus perfectas curvas, su rostro angelical, su risa melódica… él tenía que conocerla, se dijo.

- Hola, Janine, ¿Cómo estás hoy? –dijo Abe, parándola en la entrada de la biblioteca-

- Hola, Abe. De maravilla… hasta que apareciste tú –dijo, ignorando su mirada-

- ¡Vamos! ¿Por qué no me quieres hablar? –dijo persiguiéndola con los ojos-

- Porque sé como son los de tu tipo, Abe Manssur, te crees que porque soy una dhampir soy una chica fácil. Yo no soy de ésas, yo seré una guardiana, ¿entiendes?

- Lo comprendo perfectamente, Janine. Te juro que yo jamás había pensado de esa manera respecto a ti. Sólo quiero conocerte.

- Ya me conoces, sabes mi nombre. –dijo empezando a caminar hacia la biblioteca, esquivando a Abe-

- ¿Qué edad tienes? –preguntó Abe, mientras la seguía-

- Dieciocho –respondió secamente-

- ¿Cuál es tu materia favorita?

- Cultura moroi -dijo sin siquiera mirarlo-

- ¿Cómo te gustan los chicos?

- De cualquier tipo… excepto del tuyo.

- ¿No vas a preguntarme nada? ¿Ni siquiera por cortesía?

- No. –dijo sentándose a una mesa, y abriendo un libro-

- ¿Por qué? –dijo cerrándoselo y poniéndose frente a ella-

- Porque ya sé varias cosas sobre ti, por ejemplo que tienes una aventura con Tatiana Ivashkov. –dijo por fin, mirándolo directamente-

- No debes creer en todo lo que dicen –dijo Abe, mientras tocaba un mechón del cabello de Janine-

- Pues esto sí lo creo –dijo golpeándole la mano y alejándose-

- Bueno… si lo sabes todo sobre mí, es por algo. –Abe rodó los ojos-

- No, no lo sé todo, sólo lo necesario. Vete.

- ¿Alguna pregunta? ¿Ninguna sola? –dijo Abe, haciendo pucheros-

- ¿Por qué eres tan estúpido? –dijo Janine molesta-

- Porque tú me haces estúpido…

- ¿Siempre dices tantas tonterías? –dijo indignada-

- Sólo si una mujer bella hace que mi cabeza se confunda tanto, como para que dé vueltas las veinticuatro horas. –dijo simulando el movimiento con una mano en el aire-

- Eres un sinrazón –dijo mirándolo a los ojos-

- Es que la perdí en cuanto te vi, Janine –la miró fijamente-

- Estás loco –dijo mientras se reía nerviosamente-

- Y tú debes estar muy mareada –dijo Abe, mientras le acariciaba una mejilla-

- No... ¿Por qué lo dices? –dijo extrañada-

- Porque ni siquiera tú podrías soportar girar tanto en mi cabeza sin llegar a marearte.

- Yo… no sé que decir. –dijo anonadada-

- Sólo prométeme que me querrás ver cada vez que venga por aquí. Y será mucho, vendré muchas más veces por ti. Te juro por mi alma que no intento engañarte… sólo para que lo sepas, no te pediré ningún tipo de favor sexual, o por lo menos, no dentro de un futuro cercano. –dijo Abe, mientras se marchaba-
Y así comenzó todo. Abe decía la verdad, terminó con Tatiana su jugueteo clandestino, y visitó a Janine por mucho tiempo, primero en Escocia, luego en Inglaterra, y por último en Estados Unidos. Resultaba que Janine era una guardiana increíble y sólo estaba a cargo de proteger a morois de la realeza, realmente poderosos, pero eso no impidió que su amor siguiera el curso obvio de cualquier relación que se va proyectando en el tiempo: Desde ese día que comenzó todo, hasta un año y medio después, la relación maduró un poco más, trayendo al mundo un nuevo ser unos meses más tarde, una hermosa chica llamada Rose. 


Capítulo uno.


- ¡Vamos, Lissa! No quiero llegar tarde a la fiesta –dije lloriqueando-

- No lo sé, Rose, no me parece buena idea –dijo mientras se alisaba el pelo-

- ¿Por qué no, Lissa? –dije sentándome en mi cama-

- No tengo ganas… además, prefiero no llamar mucho la atención.

- Lissa, la fiesta es al lado, no pasará nada, ¿crees que te pondría en peligro? –dije suspirando-

- No, sé que no, Rose, pero realmente no estoy de humor… -dijo mientras se volteaba para verme-

- ¡Oh, vamos! Sólo una hora, una horita de tu tiempo… hace tanto que no salimos. Quiero hacer algo divertido. –dije, haciendo pucheros-

- Ok, vamos a esa fiesta, pero solamente hasta las... –miró su reloj de muñeca- hasta las once y media. Una hora exacta, ¿entendido?

- Sí, te lo prometo –dije animada y salté de la cama para abrazarla- vamos, no tenemos tiempo que perder…
Salimos de la habitación que estábamos arrendando desde hace ya varios meses en un barrio universitario –creímos que así era más fácil pasar desapercibidas- y salimos para ir al edificio de al lado a una fiesta que estaban organizando unos chicos. Bien, no me habían invitado porque me conocieran, sino porque de seguro les parecí guapa. Estaba acostumbrada a tener ese efecto en los chicos, siempre había ligado mucho, y ahora no sería la excepción. Lástima que no tenía mucha ropa, pero me había puesto lo más decente que tenía, y me había maquillado y arreglado el cabello, seguro que eso era suficiente. Lissa iba vestida sencillamente también, pero se veía hermosa, como ella podía verse, con su piel exageradamente blanca, sus ojos verde jade y su cabello tan rubio que llegaba a llamar la atención. Seguramente los humanos pensarían que ella era una especie de Top model, por su delgadez y su altura. La noche estaba fría, pero no lo suficiente como para hacerme tiritar, el otoño había comenzado y con él, las noches más largas y frescas. Caminamos rápidamente desde la puerta de nuestro edificio a la del edificio vecino, aunque nunca nos habíamos encontrado con strigois, era mejor ser precavido. Lissa entró primero, un chico ebrio con ponche nos abrió la puerta y sonrió tontamente, era un universitario y era uno de los chicos que me habían invitado. “Bienvenidas, qué gusto recibir a chicas tan guapas esta noche” hizo un gesto con el brazo, abriéndonos paso hacia el lugar y se fue a buscar más ponche a un mueble del fondo. Yo me volteé para cerrar la puerta, pero me encontré con mucho más que la calle con jóvenes dando vueltas: detrás de unos árboles de la vereda del frente había alguien escondido… y estaba observándome.

Cerré la puerta rápidamente. Mierda. ¿Sería un strigoi que ha localizado a Lissa? O tal vez un simple psicópata en las sombras… ¿o alguien de la academia que venía por nosotras? Ok… piensa, Rose, piensa. Bueno, lo peor que podíamos hacer era salir ahora, la mejor opción era quedarnos en la fiesta como chicas normales, si aparecía alguien sospechoso nos esconderíamos entre la multitud. Me dirigí a otra puerta que llevaba a una sala de estar, en la que había más de cincuenta chicos, Lissa estaba al lado del bar improvisado que habían armado con una mesa para comer, un mini frigorífico sobre un baúl y una pila de vasos desechables.
- Lissa, tengo que hablarte un segundo. –le dije, mientras la tomaba del brazo y la alejaba hacia un rincón-

- ¿Qué ocurre? Luces preocupada –me miró con recelo-

- Hay… un hombre.

- ¿Qué? no entiendo

- Que vi un hombre, que me pareció muy sospechoso afuera, detrás de un árbol.

- ¡Rayos! ¿Y era un strigoi? –dijo con la voz tranquila, pero notaba el miedo en sus ojos-

- No lo sé… no pude verlo, se ocultaba en la oscuridad. Tal vez sí, tal vez no. –dije susurrando-

- Lo más probable es que sí, ¿quién más nos perseguiría? –dijo pasándose una mano por la frente-

- No dije eso, Sólo es sospechoso, tal vez hubiera sido coincidencia, sólo te digo para que tengamos precaución. No saldremos de aquí hasta que se vaya un grupo grande de gente para ocultarnos con ellos. De todas formas, podría ser gente de la academia. –dije, recorriendo la sala con la mirada-

Pero eso seguía siendo malo, hace dos años habíamos tenido que huir de allí, porque Lissa se había encontrado en un peligro fatal. Nunca supimos más detalles del caso, pero sin duda, estos dos años habían sido tranquilos… y libres. No quería que nada arruinara eso, ni siquiera volvimos a ver a la gente de la academia cuando Víctor Dashkov, el tío de Lissa, había muerto. Lissa había estado muy triste, y yo también, él era uno de los pocos morois de la realeza que me agradaban, pero entendíamos que la necesidad de mantenernos lejos era mayor.

- Creo que lo mejor será que nos mezclemos, vayamos adonde está el grupo bailando, nos ponemos a bailar juntas y si viene alguien que me de mala espina, nos ocultamos. –dije mientras la tomaba del brazo y la conducía hacia el grupo-

- No lo sé, Rose, ¿y si nos ocultamos en el baño?

- No, Lissa, alguien podría necesitarlo con tanto alcohol presente. Además podrían vernos cuando pasáramos por el vestíbulo. Lo mejor es quedarse con la gente, mientras más aisladas estemos, más fácil será que nos vean.

Nos metimos entre medio de unas parejas que estaban bailando y simulamos estar pasándonosla de lo mejor, yo me había arreglado bastante para venir a esta fiesta, y había venido dispuesta a disfrutar, mientras bailara entremedio de los demás todo estaría bien, ¿no? Llegaron unos chicos que nos pidieron bailar a Lissa y a mí, Lissa me miró con cara de miedo, pero la incité a que aceptara. Sabía que éramos guapas, de distintas maneras, yo era de una forma más sensual y atrevida. Lissa era de una manera más elegante y linda.

Si era buena en algo más que cuidar de Lissa, era en bailar, beber y gritarle a la gente, ahora estaba en mi salsa, pues estaba disfrutando del baile como nunca –sinceramente, hace muchísimo que no salíamos a bailar- y además bebiendo como hace tiempo no hacía, haciendo unos golpeados que me tenían patas arriba, y todo esto me hacía gritarle a la gente cosas como “tráeme más alcohol, ¿a qué esperas?” o… “¿¡Que no sabes bailar!? ¡Mueve el culo!” Tanto festejar y beber, hizo que me olvidara momentáneamente del tipo que había visto anteriormente. Ya había pasado una hora y media y no había pasado nada, seguro habrá sido una coincidencia, y era un humano cualquiera. En ese momento se escuchó un ruido ensordecedor, y la puerta salió volando hacia el fondo del vestíbulo, dejando a unos adolescentes que estaban al lado de la puerta mirando con los ojos como platos. Esto definitivamente no estaba bien… si hubiera sido la policía, simplemente habrían tocado y le habrían informado al dueño que su bien judicial deberían terminar la fiesta. Yo estaba tan mareada, que sólo me quedé mirando como pasmada, entonces sentí el profundo miedo de Lissa y me di cuenta que probablemente lo que había pasado hace poco, era por nuestra causa.
- ¡Rose, Rose! –dijo Lissa, mientras me zamarreaba- debemos escondernos, ¡rápido!

- Sí, tienes razón… en… -mi cabeza daba vueltas, pero aún podía enfocar los ojos- salgamos por esa ventana –dije, señalándole una ventana que estaba en la cocina, al fondo de la sala-


Nos dirigimos corriendo hacia la cocina y abrí la ventana, primero pasó Lissa y después pasé yo… o lo intenté. Realmente estaba muy mareada y me caí de bruces cuando caí al patio trasero.


- ¡Rose, no hay salida! –dijo Lissa apunto de llorar- los muros son muy altos, estamos atrapadas.

- Shhh, quedémonos aquí.


Nos asomamos por la ventana para ver qué pasaba. Entonces lo vi: eran una pareja de guardianes, según lo que veía, una chica y un chico. Venían armados hasta los dientes, y daban un poco de miedo, sobre todo el chico, ya que medía casi dos metros y tenía el semblante duro. Era muy guapo, pero no es que importara mucho ahora con el miedo que le tenía. Nos habían atrapado.


- Buscamos a dos chicas. Nadie saldrá lastimado si nos las entregan, no tenemos nada contra ustedes. –dijo el tipo, alzando la voz-

- ¿Quién es el dueño de casa? –preguntó la chica, ambos tenían acento ruso. Todos apuntaron hacia el pobre chico, llamado Max. Genial, típico de los humanos, probablemente nos entregarían también-

- Yo… eh… yo soy. –dijo el chico horrorizado-

- Ok –la chica se dirigió a él- Necesitamos saber donde están las chicas. Una es rubia, alta y delgada… muy rubia. La otra es estatura media, pelo largo y oscuro y piel tostada.

- Ah… n-no e-estoy segu-guro. ¿Co-cómo se llaman? –dijo Max tartamudeando.

- La rubia se llama Vasilisa, la morena se llama Rose –respondió el chico ruso-

- No he escuchado de ninguna Vasilisa –dijo más calmado- Pero sí de Rose. –lo sabía, este humano me entregaría. Era normal que no supiera nada de Vasilisa, ya que la conocía como Lissa, seguro que el nombre le parecía hasta divertido.

- ¿Y dónde están? –dijo la chica-

- No lo sé. No las he visto desde hace un rato. –dijo Max encogiéndose de hombros-

- No quiero volver a repetirlo, ¿dónde están? –dijo alzando más la voz y poniéndose más ruda-

- Se fueron hacia la cocina –interrumpió otra chica, la que parecía ser su novia según lo que había visto hace un rato-¡déjennos en paz, no tenemos nada que ver en esto!

- Gracias, eso era todo. –dijo el otro guardián, y se puso en marcha hacia acá, pero no vi absolutamente nada más, si seguía observando desde la ventana nos vería-

Lissa comenzó a ponerse más neurótica, y no sabía como contenerla, intenté susurrarle que todo iría bien, pero honestamente, ni yo estaba segura de eso además de que era mejor no hablar. ¡Mierda! Había olvidado cerrar la ventana, ahora supondrían que nos habíamos ido por ahí, pero lo peor era que ni siquiera podía pensar con todas mis facultades, porque estaba parcialmente ebria. ¡Juro que esta sería la última vez que bebería!... si había alguna otra vez. “¡Aquí, Irina, las encontré!” –Dijo el chico muy cerca de nosotras-

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